El tesón, el empeño y el compromiso de los inmigrantes con esta nación lograron, para los venidos de lejos y de tan diversos lugares, un mejor futuro y, para el país, un mejor presente. Ingente aporte y compromiso de inmigrantes que se manifiestan en todas las áreas, instituciones y ámbitos del ser y del quehacer nacional.
Así, por ejemplo, en el campo de la innovación científica, los muchos premiados con el Nobel, lo mismo que las empresas importantes y fundadas para el desarrollo científico y tecnológico por inmigrantes nos hablan del impacto positivo de este sector de la sociedad en la vida de esta nación norteamericana.
La expansión física de esta patria por todo el territorio nacional y la fuerza laboral invertida en ello ocurrieron gracias a los que bajaban de barcos o cruzaban la frontera. El Ferrocarril Transcontinental, las grandes obras de infraestructura de nuestras ciudades, junto con el mantenimiento del sector agrícola, son importantes muestras de la importancia de la presencia inmigrante en los Estados Unidos.
La inversión, el emprendimiento, la resiliencia, los nuevos negocios encabezados por inmigrantes mantienen en movimiento el desarrollo económico de este país. Sin contar con el desarrollo demográfico y el consumo que generan y con los que dinamizan el desarrollo estadounidense.
La influencia estadounidense a nivel global, plural y diversa, y en todas las manifestaciones artísticas y culturales (gastronomía, música, cine, etc.) se explica por la mezcla de culturas que constituyen esta nación y que permite que cualquiera, en cualquier parte del mundo, pueda identificarse con alguna muestra de su herencia empaquetada con sello estadounidense.
Este desarrollo, logrado por todos y provenientes de todas partes, se convierte – al mismo tiempo – en un imán que atrae al capital humano más valioso y emprendedor del planeta.
La grandeza de nuestra unidad, “E pluribus Unum” (“De muchos, Uno”), reside – simultáneamente – en nuestra diversidad. Y, al mismo tiempo, es la riqueza de nuestra pluralidad y diversidad cultural la que nos convierte en la gran unidad nacional que hoy constituyen los Estados Unidos de América.
Oportuna, también, es esta celebración nacional para recordar y renovar las reivindicaciones que como “deuda social” tienen hoy los Estados Unidos con millones de inmigrantes. Deuda social que nace de la contradicción entre los aportes de este enorme sector de la población y la falta de protecciones legales y de respeto a los derechos humanos y civiles fundamentales.
Así, por ejemplo, urge la regularización y la seguridad jurídica que se manifiesten – sin más juegos, malabarismos y oportunismos politiqueros – en una reforma migratoria integral.
Del mismo modo, urgen reformas legales que eliminen las barreras estructurales en los sistemas financiero y laboral que enfrentan millones de inmigrantes. Lo mismo que reformas judiciales en el sistema de detenciones y del debido proceso.
Además, el acceso a la salud y a la educación superior continúan siendo clamores importantes en el pliego de demandas sociales justas que tiene la comunidad inmigrante en esta nación.
Invito a todos a continuar trabajando mancomunadamente para seguir construyendo la grandeza de esta nación. Grandeza y poderío que permanezcan y se manifiesten en nuestro diario vivir, en libertad, igualdad, solidaridad, tolerancia, pluralismo, responsabilidad y respeto social y ciudadano, inclusión social, equidad, verdad y libertad de la información, etc.
Porque la independencia, la soberanía y los valores democráticos aquí señalados no son un producto final y definitivo sino una tarea permanente que requiere de todos y nos desafía a todos, todos los días. ¡Ad multos annos! ¡Feliz 250 aniversario!