Todo lo cual define al ser humano como un ser que vive en-esperanza, un ser-deesperanza, un ser-para-la-esperanza.
Algunas esperas se cumplen otras fracasan.
Todo lo cual postula una “Esperanza” que explique y perfeccione las esperas cotidianas que nos animan mientras vivimos nuestras historias personales, familiares y sociales. A esa Esperanza, con mayúscula, en este espacio tiempo y para la eternidad, los cristianos la llamamos Cristo y, en su seguimiento, el amor de Dios que a todo da plenitud.
No ignoramos que existen motivos, de toda índole, para el desánimo, la angustia y la desesperanza en el presente y hacia el futuro próximo: los conflictos bélicos nacionales e internacionales, los desequilibrios sociales que producen la corrupción administrativa y gubernamental, la inequidad y la injusticia, la desigual falta de oportunidades de acceso a los beneficios sociales, los problemas, cambios y desequilibrios medioambientales, los malos ejemplos de los líderes sociales y religiosos, problemas de salud, polarización política, sobrecarga de información en la que nada vale o todo vale por igual, la insuficiente y precaria oferta laboral, etc.
Todo lo anterior puede generar situaciones de ansiedad, incertidumbre e impotencia y, sin embargo, no podemos vivir sin esperanza. Por lo que urge que busquemos, construyamos y encontremos razones para seguir creyendo, para seguir confiando, luchando, amando y esperando incluso contra toda esperanza (Rm 4,18).
El tema de la esperanza en este año jubilar y en esta jornada de reflexión, oración y solidaridad por los enfermos de todo el mundo es, por tanto, un tema directamente relacionado con la salud. No hay salud sin esperanza y la esperanza genera salud en el ser humano.
Tener motivos para esperar mejores condiciones refuerza el sistema inmunológico, produce en el ser humano mayores y mejores niveles de resiliencia, es decir, de capacidad para afrontar y superar fracasos y adversidades. La esperanza genera procesos más rápidos de sanación y de recuperación de la salud y nos permite abordar la vida con mayores niveles de satisfacción y mejores relaciones familiares y sociales.
La esperanza es un conjunto de condiciones concretas que juntos hemos de construir cotidianamente en nuestros espacios familiares y sociales. Es preciso construir una sociedad y un mundo con condiciones sociales, políticas, económicas, culturales, etc., para vivir esperando con esperanza.
La jornada mundial del enfermo nos recuerda a todos, especialmente a los profesionales de la salud, al personal médico y paramédico y a los familiares de los enfermos, que estamos llamados a ser agentes de esperanza y de alegría que se manifieste como solidaridad y consuelo con los que padecen situaciones de vulnerabilidad y fragilidad debido a enfermedades de todo tipo.
En ese orden, SOMOS y la Fundación Dr. Ramon Tallaj han iniciado, con la bendición del Vaticano y su Santidad el Papa Francisco, la campaña “Gracias, Doctor” con el objetivo de redescubrir el papel del doctor primario y la importancia de velar por su sanidad para que velen por la nuestra, los pacientes que confían en ese médico de familia que nos conoce íntimamente.
Todo esto, para que todos, especialmente los hermanos que sufren enfermedades, podamos decir, con Pablo de Tarso, vivimos “atribulados… pero no aplastados, perplejos, pero no desesperados, perseguidos, pero no abandonados, derribados, pero no aniquilados.” (2 Cor 4,8-18)
Fuente: https://listindiario.com/puntos-de-vista/20250211/esperanza-salva_845113.html